Aunque él y su familia eran de Puno, tuvieron que dejar su humilde casa y viajar más de 1000km hasta Lima donde estaba el hospital que podría hacer frente a la gravedad de la tumoración del niño.

Conocimos a Diego cuando ya era enfermo terminal, por lo que podría parecer que poco podíamos hacer por él, pero consideramos que una vida digna es uno de los derechos más importantes, no ya de un niño sino de toda persona.
Contactamos con él porque la Casa Albergue Ronald Mc Donald, con la que tenemos una relación colaborativa, les dio alojamiento y la familia pudo al menos quitarse el problema económico de encontrar techo en una ciudad desconocida.

 

Pero desplazarse fuera del hogar con un niño enfermo requiere de otras necesidades fundamentales y la Casa Ronald Mc Donald nos solicitó ayuda. Por esto, además de su alimentación, nuestro equipo le suministró la silla de ruedas que Diego necesitaba porque el estado de la enfermedad le impedía caminar. Durante varios meses permaneció estable en su casa de Puno con sus padres y hermanos y aunque vivía humildemente tenía acceso a todo lo que su tratamiento paliativo requería. Durante un tiempo tuvo una vida activa y sin dolor gracias a una buena alimentación y a un tratamiento médico acorde a sus necesidades.

El derecho a una vida digna es uno de los derechos identificados en el Tratado de las Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño firmado en 1989.

Sin embargo, la enfermedad se reactivó y Diego nos dejó. Gracias a vosotros y al cariño de su familia, Diego tuvo un final de vida digno.